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La gracia de la confianza en Jesús

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  Querido Jesús, confío en Ti, te lo digo, con la voluntad, con mis palabras temblorosas, con ese sentimiento de miedo e impotencia que me invade. Confío en Ti, aunque mi cuerpo ya sabes que no confía, ni mi psicología, y mis sentimientos no confían para nada ahora mismo. Pero con mi voluntad te digo que confío, porque quiero hacerlo, quiero quererte Jesús sin intereses, sin esperar a que me auxilies a cada momento.  Quiero, pero no puedo,  aunque sí con tu gracia. Que todo este dolor me abra a recibirla. Amén.    

Por Amor

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  Querido Jesús , ayúdame a abandonarme a la voluntad del Padre, como lo hiciste Tú, por amor a tu Padre, y por amor a nosotros los hombres. Entregaste tu vida por amor, y solo por amor, amor a tu Padre, y amor a nosotros. ¡Ayúdame Jesús a hacer lo mismo! Ayúdame a aceptar la voluntad del Padre que quiere lo mejor para mí. Ayúdame a aceptar, afrontar y abrazar la Cruz,   por amor al Padre y a ti Jesús, y por amor a mis hermanos los hombres, como lo hiciste Tú. Amén.

Jesús, Tú eres mi cirineo

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  Jesús, querido Jesús, hoy te imagino fuerte y Resucitado, a mi lado camino del Calvario. Yo estoy cansada, ya no puedo más, me he caído, y solo quiero rendirme y quedarme ahí. Pero Tú vienes, aunque ni siquiera te he llamado, vienes y coges mi Cruz, me levantas y me sostienes, y con tu dulce mirada me dices que siga, que merece la pena, que ya estamos cerca, y que Tú me amas. Jesús, Tú eres mi Cirineo, gracias. Amén.  

Ven dulce huésped del alma

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Ven Espíritu Santo, entra en mi alma, te invito, sí, eres mi huésped. Tengo ya la casa preparada, limpia, ordenada, y he puesto flores. Te espero Espíritu Santo, eres un huésped que me traerá dones. ¡Qué ilusión! Y sé que no eres cualquier huésped, entras en mi casa y aunque yo creo que está muy bien, Tú la reformas, tiras tabiques, lo desordenas todo. Me haces pasarlo mal, muy mal. Y luego me dejas la casa distinta, nueva. Y me liberas. Merece la pena, ¡Ven dulce huésped del alma! Amén. 

Jesús, ayúdame a solventar este problemilla

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  Jesús, las vanidades del mundo son humo, pero en este mundo vivo, y el humo a veces es tan denso, que no se ve nada, no se oye nada. Jesús ¿por qué tu voz se oye tan lejana? y ¿por qué el mal no para de gritar? una y otra vez, una y otra vez, sin cansarse. Jesús, no creo que sea yo, porque yo solo quiero oírte a ti, y aunque sea débil y aunque sea lo que sea, solo quiero estar contigo. Pero bueno creo que ya sé lo que pasa, el problema no es estar contigo, el problema es dónde estás Tú, en la Cruz. Jesús, ayúdame a solventar este problemilla, ayúdame a amar cualquier sitio donde estés Tú. Amén.  

Jesús, el pastor silencioso

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     Querido Jesús soy tu ovejita que tiembla de miedo porque el lobo está cerca, y no oigo tu silbo amoroso , no te oigo reprender al lobo, me encuentro sola y rodeada de peligros, Jesús. Querido Jesús, creo que tu silbo amoroso es silencioso pero potente, y yo no lo oigo, pero sí lo oye el lobo, que me sigue de cerca, pero no se atreve a hacerme nada. Jesús, eres un pastor peculiar, a veces silencioso e invisible. Y yo soy una oveja ciega, sorda y que no sabe a dónde va, pero es conducida por el amor. Tengo miedo Jesús, quiero oir tu silbo, quiero ver tu figura, quiero dejarme salvar. Amén.    

Donde nadie llega

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  Jesús Tú llegas donde nadie llega. Tú entras donde nadie entra. Eres el Único que conoce mi verdadera personalidad, mi ser de verdad. Tú eres más íntimo a mí que yo mismo. Tú conoces lo que yo ignoro y amas cada fibra de mi ser. Estás dentro de mí, habitas Resucitado llenándolo todo de Luz. Sé que para llegar a donde estás todavía tengo que atravesar tinieblas. Pero voy contigo, de tu mano, de la mano del Resucitado, con tu Luz. Amén.