La soledad de Jesús

 


Querido Jesús, no tengo ni idea, pero supongo que te debiste sentir muy solo aquí en la tierra,

tan solo como ahora en muchos sagrarios.

No hay soledad tan grande como la de no poder compartir el dolor,

como la de no sentirse comprendido,

sobre todo, por las personas más cercanas, tu familia, tus vecinos,

tus apóstoles.

Me imagino que de niño no entenderías muchas cosas,

tu corazón puro frente a tantos corazones mezquinos…

Yo también te habría dejado solo si hubiera estado contigo,

o te habrías sentido solo en mi presencia,

imposible comprender a Dios hecho hombre.

Sin embargo, tal vez no, ojalá no, ojalá mi amor te hubiese brindado algo de consuelo,

ojalá hubiese podido secar tus lágrimas Jesús.

Ahora puedo hacerlo, uniendo mi dolor al tuyo,

mi soledad a la tuya,

y visitándote en el Sagrario,

comiéndote, adorándote,

no escandalizándome de ti,

sometiendo mi voluntad a la tuya.

Pero no puedo hacerlo, dame tú la gracia,

Jesús, quiero, Amén.

 

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