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La soledad de Jesús

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  Querido Jesús, no tengo ni idea, pero supongo que te debiste sentir muy solo aquí en la tierra, tan solo como ahora en muchos sagrarios. No hay soledad tan grande como la de no poder compartir el dolor, como la de no sentirse comprendido, sobre todo, por las personas más cercanas, tu familia, tus vecinos, tus apóstoles. Me imagino que de niño no entenderías muchas cosas, tu corazón puro frente a tantos corazones mezquinos… Yo también te habría dejado solo si hubiera estado contigo, o te habrías sentido solo en mi presencia, imposible comprender a Dios hecho hombre. Sin embargo, tal vez no, ojalá no, ojalá mi amor te hubiese brindado algo de consuelo, ojalá hubiese podido secar tus lágrimas Jesús. Ahora puedo hacerlo, uniendo mi dolor al tuyo, mi soledad a la tuya, y visitándote en el Sagrario, comiéndote, adorándote, no escandalizándome de ti, sometiendo mi voluntad a la tuya. Pero no puedo hacerlo, dame tú la gracia, Jesús, quiero, Amén. ...

Ni vino ni agua

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  Jesús tu sabes que no tengo agua para que la transformes en vino, bueno es que ni siquiera tengo tinajas… Y si la tinaja soy yo, como estoy llena de agujeros, no puedo contener el agua, pero da igual porque como ya he dicho no tengo agua. Veo que sonríes Jesús, y sí es que es gracioso, ni agua, ni vino, ni tinaja, ni sirvientes. Y por si fuera poco tampoco tengo mucha fe, pero algo sí tengo, aunque no tanta como un grano de mostaza. Pero sobre todo tengo a la Virgen, a mi lado , que te dice: "Mírala, no tiene vino, ni agua, ni tinaja…" Y si ella lo dice, el milagro se hará. Amén

Jesús no me sanes si no quieres

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  Jesús, te pido que me concedas la gracia de poderte decir que no me sanes si no quieres. Jesús, quiero ir a Ti por puro amor, como vienes Tú a mí. Pero esa gracia solo Tú me la puedes dar. Llegar a ese desinterés por todo lo que no seas tú, implica pasar por el camino de la Cruz. No hay otra forma. Y si la Cruz me lleva a decir, “no me sanes si no quieres”, quiere decir que la Cruz es sanación. Amén.

Sin propósitos

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        Jesús, este año que comienza no tengo propósitos, no puedo ya, porque mi vida no me pertenece. Tuya es mi vida, tuyo es el tiempo, Tú eres el Principio, y el Fin. Y mi vida está dentro de tu Eternidad, y ya solo me dejo llevar, o por lo menos quiero dejarme. No puedo hacer propósitos, ya no, solo el de amarte y el de dejarme amar. Amén.  

En el silencio de la noche viene Jesús

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  Querido Jesús, Tú vienes desnudo e indefenso en el silencio de la noche. Si no tuvieras a José y a María no podrías sobrevivir. Desde que viniste a la tierra te pusiste a disposición de los hombres, para que hicieran contigo lo que quisieran, amarte y cuidarte o despreciarte y matarte.       Querido Jesús, viniste sin protección, a pecho descubierto, para morir por nosotros, para salvarnos. Y ese niño que temblaba de frío y tenía hambre, solo podía esperar a que alguien le atendiera. Así también me siento yo muchas veces, llorando,   con frío, en la noche , muy pobre , y con hambre de Dios. Esperándote a Ti Jesús, que tan bien me entiendes. Te espero Jesús. Amén.  

Espero en Ti Jesús

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  Jesús, Tú me enseñas el arte de esperar. Y tú María, Reina de los que esperan, maestra de esperanza, consuelo de los que se encuentran desesperados. Jesús, María, me enseñáis a esperar, me acompañáis en la espera, me miráis con vuestros ojos tiernos, diciendo, calma, esto pasará. Y mientras esperas dice Jesús y asiente María, “Déjame hacer mi obra en Ti, confía, abandónate, espera” Y yo digo un sí muy tenue, apesadumbrado, temeroso. Pero al menos es un sí.    

Jesús, llévame Tú

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  Guíame, Luz Amable, entre tanta tiniebla espesa, ¡llévame Tú! Estoy lejos de casa, es noche prieta y densa, ¡ llévame Tú! Guarda mis pasos; no pido ver Confines ni horizontes, sólo un paso más me basta. Yo antes no era así, jamás pensé en que Tú me llevaras. Decidía, escogía, agitado; pero ahora, ¡llévame Tú! Yo amaba el lustre fascinante de la vida y, aun temiendo, Sedujo mi alma el amor propio: no guardes cuentas del pasado. Si me has librado ahora con tu amor, es que tu Luz Me seguirá guiando Entre páramos barrizos, cárcavas y breñales, hasta que La noche huya Y con el alba, estalle la sonrisa de los ángeles, La que perdí, la que anhelo desde siempre. En el mar ,  16 de junio de 1833 Cardenal Newman