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Donde nadie llega

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  Jesús Tú llegas donde nadie llega. Tú entras donde nadie entra. Eres el Único que conoce mi verdadera personalidad, mi ser de verdad. Tú eres más íntimo a mí que yo mismo. Tú conoces lo que yo ignoro y amas cada fibra de mi ser. Estás dentro de mí, habitas Resucitado llenándolo todo de Luz. Sé que para llegar a donde estás todavía tengo que atravesar tinieblas. Pero voy contigo, de tu mano, de la mano del Resucitado, con tu Luz. Amén.

El último aliento

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  Jesús, se acerca tu hora, sabes que llega y nos amas hasta el extremo, entregando tu vida, tu último aliento. Yo cuando llego a mi último aliento, cuando me siento sin fuerzas, te grito, te pido ayuda, y quiero que me saques de ahí, que vuelva a sentir fuerzas,   y recuperar el aliento. Pero Jesús, yo creo que a veces quieres, que nos sintamos sin aliento, que no recuperemos las fuerzas, que nos mantengamos así, débiles, y en fe sepamos que estamos sostenidos por tu Padre, por Ti. Como Tú en esa hora en que nos amaste hasta el extremo. Que así sea Jesús. Amén.

Jesús, descansa en mí

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  Querido Jesús hoy te presento mi corazón por si puedes descansar un poco. A ver si puedes dejar de oír por un momento tantos gritos de angustia, y que te sea más llevadero el peso del pecado, del mal y del dolor de la criatura humana. Es una tontería lo que te digo, ¿qué puedo hacer yo?, pero es solo una oración. Por eso Jesús, hoy quiero que descanses un segundo en mí, no puedo ofrecerte mucho más, porque yo también grito y te pido cuentas, tantas veces. Pero ahora por un momento te digo Jesús, confío en Ti, no me des explicaciones, haz lo que tengas que hacer, y descansa en mí, querido Jesús. Amén.  

Apártate de mí Satanás

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  Jesús, que bien te entiendo cuando tengo que aceptar mi Cruz, cuando me dirijo a mi Jerusalén, cuando sé que no debo hacer caso, a aquéllos que me dicen, no sea así, Dios no lo permita, eso no sucederá. Qué bien te entiendo Jesús, cuando los que más quieres, no te entienden y no te acompañan en tu caminar, realmente porque no pueden. Te entiendo Jesús porque en ese momento querías que tus amigos te acompañasen, te entendiesen, te consolasen, pero no que te apartaran de tu camino. Tampoco yo quiero apartarme, ayúdame, Jesús. Amén    

Ya lo estoy haciendo

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  Querido Jesús, me gustan las personas que contestan “No sé”, porque las respuestas fáciles no me ayudan. Tú también me dices no sé y eso no me agrada tanto, ojalá tuvieras respuesta para todo, y la tienes, pero no me la das. Me dices, “yo no voy a descubrir lo que tú tienes que descubrir, no voy a darte el mapa porque el mapa lo trazarás tú. Quiero que crezcas, no voy a dejar que estés así siempre, no voy a hacer lo que tú tienes que hacer, porque te amo, ¿entiendes?” “Y cuando me dices, sáname, libérame, Yo te digo ya lo estoy haciendo. Quieres que te evite el dolor, la angustia, la incertidumbre, cuando es precisamente eso lo que te está sanando” Jesús, te digo, no sé como soportas verme sufrir tanto, Y Tú me dices, porque veo más allá de tu sufrimiento. Vaya Jesús, aunque no contestas, tienes respuesta para todo. Amén.

Voy contigo Jesús

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  Jesús, Tú me dices, ¿Qué buscas? Y yo te digo, ¿dónde vives? Y Tú me dices “Ven y lo verás” Y yo voy, y entonces me acuerdo de que Tú dijiste, “El Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza” Entonces, ¿dónde vives?, pienso yo,   y ya en mi interior siento un sobrecogimiento, ¿dónde voy? Voy a la muerte, voy a la Cruz. Me paro un poco, lo pienso un poco mejor, y me acuerdo de tu mirada de Amor que me fascina. Y entonces siento la fuerza para ir contigo, y cuando ya te voy siguiendo el sobrecogimiento da paso a la alegría. Y me acuerdo de que Tú dijiste: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás”. Voy contigo Jesús, sería tonta si no fuera. Amén.

La soledad de Jesús

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  Querido Jesús, no tengo ni idea, pero supongo que te debiste sentir muy solo aquí en la tierra, tan solo como ahora en muchos sagrarios. No hay soledad tan grande como la de no poder compartir el dolor, como la de no sentirse comprendido, sobre todo, por las personas más cercanas, tu familia, tus vecinos, tus apóstoles. Me imagino que de niño no entenderías muchas cosas, tu corazón puro frente a tantos corazones mezquinos… Yo también te habría dejado solo si hubiera estado contigo, o te habrías sentido solo en mi presencia, imposible comprender a Dios hecho hombre. Sin embargo, tal vez no, ojalá no, ojalá mi amor te hubiese brindado algo de consuelo, ojalá hubiese podido secar tus lágrimas Jesús. Ahora puedo hacerlo, uniendo mi dolor al tuyo, mi soledad a la tuya, y visitándote en el Sagrario, comiéndote, adorándote, no escandalizándome de ti, sometiendo mi voluntad a la tuya. Pero no puedo hacerlo, dame tú la gracia, Jesús, quiero, Amén. ...